Sao Paulo, Brasil – 3/11/24: Max Verstappen celebra su octava victoria de la temporada en el Autódromo José Carlos Pace (Foto de Mark Thompson/Getty Images)

En general, se suele juzgar la carrera de los deportistas cuando ya se han retirado y no tienen posibilidad de alterar su palmarés. De esta forma, es mucho más sencillo para el público y los periodistas, siendo éstos últimos los que suelen introducir el debate, comparar a las leyendas de un deporte y decidir quién es mejor. En Fórmula 1 está ocurriendo una anomalía. Actualmente, hay un piloto llamado Max Emilian Verstappen que ya es una leyenda y el problema, bendito problema, es que sólo tiene 27 años. Desde el paddock hasta cada casa hay un consenso que ni los más fanáticos pueden negar: Max es el mejor piloto de la parrilla. Pero mi gran duda es, ¿cuándo admitiremos que Verstappen es el mejor piloto de la historia?

Quizás más de uno se esté llevando las manos a la cabeza después de leer esta pregunta. A muchos, cuando oyen “el mejor de la historia”, se les vienen a la mente diferentes nombres como el de Michael Schumacher, Fangio, Ayrton Senna o Lewis Hamilton. A otros, como a un servidor, se le aparece el nombre de Fernando Alonso, pero ese es otro debate. Comparar a pilotos de diferentes épocas es casi imposible. Hay personas que lo han intentado de manera objetiva, a través de fórmulas; algunos han cogido el palmarés de los más laureados; y hay un sector (donde yo me incluyo) que se dejan llevar por lo que han sentido viendo a un piloto hacer su trabajo, que es pilotar más rápido que los demás. Max, de momento, no entra en la conversación de mejor de la historia en cuanto a su palmarés de títulos, pero es cuestión de tiempo que lo haga. Con fórmulas matemáticas, teniendo en cuenta valores comparados con compañeros de equipo o rivales directos, quizás esté mejor posicionado. Pero lo que no se puede discutir es que Verstappen tiene ese “algo” que, en mi caso, sólo se lo veo a Alonso y Hamilton en la actual parrilla, con la diferencia de que Max tiene la suerte de tener un coche que le permite enseñar toda su magia al gran público. 

La clasificación agitó el orden de la parrilla

En el Gran Premio de Brasil, la magia del neerlandés sólo pudo ser visible en la carrera. La clasificación, que se disputó la mañana del domingo por motivos meteorológicos, fue un caos. La lluvia multiplicó la dificultad de mantener el monoplaza dentro del asfalto. En ningún momento se montaron los neumáticos de seco, por lo que en cada vuelta los pilotos se encontraban un pista que podía mejorar o empeorar según la cantidad de agua en el circuito. Incontables salidas de pista, errores de pilotaje, banderas rojas… El que hiciera la pole tenía que hilar muy fino y tener esa pizca de suerte que siempre ayuda. Durante la sesión, hubo grandes damnificados que no llegaron a la Q3 como Lewis Hamilton (P16), Carlos Sainz (P14), Checo Pérez (P13) o Max Verstappen (P12). El más rápido fue Lando Norris, que demostró el mejor ritmo a una vuelta durante toda la clasificación. George Russell fue segundo. Como invitados especiales aparecieron Yuki Tsunoda (P3), Esteban Ocon (P4) y Liam Lawson (P5). No me quiero olvidar de Fernando Alonso. El asturiano “sólo” pudo hacer noveno tras perder el coche en la curva 11. Con el noveno coche de la parrilla este fin de semana, indomable en cada curva, Alonsó aseguró en los micrófonos de Dazn que fue una lástima el accidente porque “venía para pole”.

El verdadero Senna fue Verstappen

Sao Paulo, Brasil. 28/3/93: Ayrton Senna festeja su victoria en el podio del Autódromo José Carlos Pace (Foto de Paul-Henri Cahier/Getty Images)

Antes de la carrera, Lewis Hamilton se subió al MP4/5B, antiguo monoplaza de Ayrton Senna, para homenajear al brasileño en el gran premio de su país. No obstante, el que realmente se encarnó en el propio Senna fue Max Verstappen. El destino, en un acto poético, permitió que el niño prodigio, y que tantas veces se le ha comparado con Senna, fuera el que diese una exhibición delante de su público y bajo la lluvia, la especialidad de brasileño. Max salió el decimoséptimo, después de ser sancionado por cambiar su unidad de potencia. Durante la carrera, no dejó de llover. Fue una sesión de supervivencia. En estas situaciones, los pilotos y las escuderías que menos errores cometen suelen salir muy recompensados. Verstappen lo hizo todo perfecto. En la vuelta 11 ya iba detrás del grupo formado por Tsunoda, Ocon y Leclerc, que luchaban por el tercer puesto. El monegasco fue el que más complicado se lo puso en toda la carrera. Le aguantó unas 13 vueltas pegado en su difusor y le acabó adelantando cuando entró a cambiar de neumáticos. Max aprovechó un virtual safety car en la vuelta 28 para quedarse en pista, mientras sus rivales entraban a poner un juego nuevo de intermedios o de lluvia extrema. Rodó en segunda posición durante varias vueltas hasta que la suerte cayó de su lado. La lluvia se intensificó de tal forma que dirección de carrera decidió sacar el safety car. Durante el periodo de coche de seguridad, Franco Colapinto tuvo un accidente en plena subida a línea de meta en la vuelta 32. Dirección de carrera ascendió la peligrosidad y sacó la bandera roja. Los pilotos que no pararon durante el virtual safety car y safety car tuvieron la ventaja de cambiar sus neumáticos en este impás mientras esperaban en el pitlane a que la lluvia les dejara correr de nuevo. 

Verstappen no perdona dos veces

La reanudación de la carrera se produjo detrás del coche de seguridad. Esteban Ocon mantuvo su primer puesto. Verstappen no pudo (o no quiso) seguir el ritmo del francés y se marchó a más de tres segundos. En la vuelta 40, Carlos Sainz perdió el coche en la curva 8 y se volvió a desplegar el safety car. En la nueva relanzada, Max aprendió de la anterior: esperó a que Ocon volviera a dar gas en el mismo punto y se mantuvo muy cerca hasta la llegada a la curva 1, donde no titubeó y adelantó al piloto de Alpine. A partir de aquí, Verstappen ya sólo tenía que mantener el coche a una distancia de seguridad con Ocon y que no hubiera incidentes que pudieran reagrupar a la parrilla. Sin spray que le molestase, el piloto de Red Bull empezó a hacer vuelta rápida tras vuelta rápida. No diré que el último tercio de carrera fue fácil para él, pero lo hizo parecer así. Terminó con una distancia de casi veinte segundos con el segundo. Bailó sobre la lluvia, mientras otros trataban de sobrevivir a ella.

Max puso en evidencia a Lando

Sao Paulo, Brasil – 2/11/24: Lando Norris (derecha) y Oscar Piastri (izquierda) celebran el primer y segundo puesto respectivamente en la carrera al sprint en el Autódromo José Carlos Pace (Foto de Lars Baron – Formula 1/Formula 1 vía Getty Images)

Lando Norris sobrevivió a duras penas, pero a qué precio. El inglés se mostró el más sólido durante la clasificación, su principal virtud, pero en la carrera se mostró frágil, fallón. En mi opinión, Norris es uno de los pilotos con más ritmo de carrera de toda la parrilla, pero en el cuerpo a cuerpo se ha mostrado un tanto pusilánime esta temporada. El último ejemplo ha sido este gran premio. El de McLaren estuvo 30 vueltas detrás de Russell sin poder pasarle. Lo acabó consiguiendo después del virtual safety car, cuando empezó a diluviar sobre Interlagos. En ambas relanzadas, se salió de pista y perdió posiciones. Acabó sexto, sin el ritmo suficiente para atacar a Leclerc y viendo como el mundial se le escapa, no de sus manos, porque nunca le perteneció, sino del alcance de su vista. De hecho, acabará el campeonato mirando más por los retrovisores, más preocupado de Leclerc, que se le acerca peligrosamente en la tabla de puntos. 

El oportunismo y frialdad de los Alpine

Sao Paulo, Brasil – 3/11/24: Max Verstappen, Esteban Ocon y Pierre Gasly celebran en el podio después de la carrera en el Autódromo José Carlos Pace (Foto de Mark Thompson/Getty Images)

Mención de honor merecen los dos Alpine, que completaron el podio con Esteban Ocon (P2) y Pierre Gasly (P3). Los franceses siguieron la misma estrategia que Max Verstappen y les sonrió la suerte. Gasly aguantó la última parte de la carrera bajo la amenaza constante de Russell, que finalmente no pudo pasarle. Parece predestinado que dos antiguos amigos, que ahora son compañeros de equipo y no se llevan bien, hayan disfrutado del que puede ser su único podio juntos en Fórmula 1 y antes de que Ocon abandone la escudería. Y quién sabe si es el último de ambos. El destino es caprichoso.

El problema de la lluvia

Como último apunte sobre el GP de Brasil, siempre he esperado la lluvia cada fin de semana de carreras porque da ese factor de imprevisibilidad, diversión e igualdad que en seco nunca encontramos. En las últimas carreras bajo la lluvia no tengo la sensación de encontrar tanta “diversión” como sí podía hallarla en épocas anteriores. Parece que antes había muchos más errores de pilotaje cuando la pista estaba mojada. Puede que sea porque hoy los pilotos son mejores y están mejor preparados, o porque estos monoplazas son más sencillos de conducir. Pero lo que sí había antes era adelantamientos y muchos más cuerpo a cuerpo en estas condiciones. La cantidad de spray que generan estos monoplazas evacuando agua es exageradamente grande e impide que los pilotos puedan seguir al coche de delante. En Brasil vimos cómo algunos de los pilotos dejaban un margen de tres o cuatro segundos con el piloto que les antecedía, porque era muy complicado seguirle de cerca. Sólo aquellos que tenían un ritmo bastante superior decidían estar pegados y jugársela, a pesar de no ver nada. La FIA debe cambiar algo en los coches o en los neumáticos. La lluvia, siendo el elemento más caótico y esperado por los aficionados, no puede convertir la carrera en una procesión de coches.

Ayer, hoy y siempre, Interlagos

Eso sí, lo que nunca deberá cambiar la Fórmula 1 son los grandes premios en Interlagos. Si por un servidor fuera, la mitad de la temporada se celebraría en el Autódromo José Carlos Pace. Siempre es especial ir a este circuito y suele dar de qué hablar las siguientes semanas. Aquí los mejores pilotos han demostrado su habilidad. El último ha sido Max, aunque ya dio una exhibición en 2016 donde Nikki Lauda se quitó la gorra delante de Jos Verstappen (el padre de Max) en señal de felicitación y aprobación. Te guste más o te guste menos, el neerlandés no tardará en volvernos a dejar alguna aparición estelar, ya sea antes o después de su cuarto título mundial consecutivo. Entonces nos haremos la misma pregunta con la que arranqué el artículo, que sólo el tiempo responderá en el caso de los más escépticos y negacionistas. En ese entonces, surgirá otra cuestión: ¿quién es capaz de parar al propio Max Verstappen? Me temo que esta pregunta dará para hablar largo y tendido en otro momento. Sin embargo, una cosa está clara: nunca perdonaré a la Fórmula 1 que la última carrera del mundial se celebre en Abu Dabi.

2 respuestas a “¿Cuándo admitiremos que Max Verstappen es el mejor piloto de la historia?”

  1. Permíteme que Alonsodiscrepe

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    1. Avatar de Gonzalo Nieto Mora
      Gonzalo Nieto Mora

      Ya hablaremos sobre quién es el mejor de los dos

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